La indignación social y la furia del movimiento feminista ante la crisis de violencia feminicida en México

La indignación social y la furia del movimiento feminista ante la crisis de violencia feminicida en México

Por Adriana Lecona

La indignación social y la furia del movimiento feminista ante la crisis de violencia de género y feminicida que lacera a nuestro país, encontró en el atroz feminicidio de Ingrid Escamilla el motivo para regresar a la protesta callejera exigiendo a las autoridades acciones contundentes e inmediatas para la prevención efectiva y la erradicación del feminicidio en México, contra los excesos de los medios de comunicación y contra la impunidad galopante del poder judicial.

La extrema violencia del feminicidio de Ingrid Escamilla, la filtración de información confidencial por parte de las autoridades respondientes, y el manejo mediático tanto de las imágenes de su feminicidio como del feminicida por parte de medios de comunicación insensibles y sin la menor ética periodística como las fotografías publicadas en la primera plana del  el diario “La Prensa”, fueron el detonante de la digna rabia feminista que salió a tomar las calles el pasado viernes 14 de febrero para expresar su hartazgo de manera inversamente proporcional al dolor y al nivel de violencia simbólica, directa y expresiva que recibimos las mujeres todos los días, en todos los espacios, todo el tiempo. No hay un solo lugar ni un solo momento en el que las mujeres y las niñas estemos seguras y libres de violencia.

El estigma social sobre la rebelión feminista se explica a partir de la  tradición sociocultural patriarcal impregnada en el imaginario colectivo y reproducido por los aparatos ideológicos del Estado, de que las mujeres “calladitas nos vemos mas bonitas”, de la ruptura de la asignación y asimilación patriarcal de roles y estereotipos sobre lo femenino que se expresan en la ocupación  por las mujeres del espacio público asignado socialmente a los hombres y las formas no convencionales y “poco femeninas” para una realizar una “protesta de mujeres”, en la que se prioriza el cuestionamiento a las pintas en las paredes o monumentos y se olvida el motivo de la protesta #NosEstanMatando

Las expresiones de enojo, rabia, furia y frustración del movimiento feminista encuentran sólidos argumentos; sin duda las demandas feministas son legítimas a la luz de los altos niveles de impunidad judicial y tolerancia social que prevalecen ante el aumento de la violencia feminicida, que expresan el profundo desprecio que tiene esta sociedad hacia la vida de las mujeres; la insensibilidad gubernamental para escuchar asertivamente el dolor de las mujeres en vez de minimizarlo o tratar de acallarlo; y la ilimitada libertad de los medios de comunicación amparados en la “libertad de expresión” para producir y reproducir la violencia contra las mujeres como un espectáculo para vender ejemplares, acumular tráfico o captar mas raiting, en suma para lucrar con la tragedia nacional feminicida.

Por otro lado, actualmente en México nos encontramos en un contexto político de cambios y transformaciones incuestionables de un régimen de corrupción y privilegios con mas de 90 años de instauración de oligarquías, en el cual desde los presidentes y los titulares de las instituciones de seguridad y procuración de justicia hasta las policías municipales se convirtieron en los líderes de los cárteles del crimen organizado del Estado y en protectores del influyentismo y el compadrazgo que tienen a México sumido en la crisis de institucionalidad, de derechos humanos y de valores éticos en la que se encuentra actualmente. Ante este panorama de transformación del régimen político,  el nivel de exigencia social al “nuevo régimen” es muy alto, en comparación con la capacidad y velocidad de trasformación de las leyes, prácticas y cultura política instaladas en las instituciones e impregnada en la misma sociedad. Aunado a ello, los diferentes frentes abiertos para obstaculizar la transformación de México por quienes en su momento se vieron beneficiados del sistema de corrupción y privilegios, me llevan a pensar en la posibilidad de incursión de la “aritmética contrarrevolucionaria” al interior de un movimiento legítimo que busca igualdad y justicia, y que podría estar siendo utilizado para fragmentarse a sí mismo, obstaculizar el avance de su agenda a través de la estigmatización social y para abrirle un frente más al proceso de transformación sociopolítico de México.

México requiere de una transformación integral o no habrá transformación posible, urge una reforma al sistema judicial, núcleo del pacto patriarcal en donde tanto jueces como magistrados  liberan agresores y feminicidas bajo argumentos inverosímiles, y que realizan sus sentencias sin conocimientos sobre derechos de las mujeres y mucho menos de perspectiva de género; urge profesionalizar policías preventivos tanto en perspectiva de género como en la adecuada detención de presuntos agresores y feminicidas y en la aplicación de un protocolo de actuación para la prevención de la violencia de género contra las mujeres, a los policías de investigación y ministerios públicos y demás operadores del sistema  de administración y procuración de justicia de las Fiscalías Federal y Estatales, que no son capaces de realizar e integrar correctamente las diligencias para la integración de los expedientes o carpetas de investigación desde la perspectiva de género.

Se requiere profesionalización policial, una reforma de las Fiscalías, la homologación del tipo penal de feminicidio a nivel nacional, que el gobierno implemente políticas de prevención efectiva desde la educación en la igualdad, difundiendo en la comunidad la igualdad de género y los derechos humanos de las mujeres y las niñas fomentando la construcción de comunidad, políticas inmediatas de búsqueda y localización de mujeres y niñas desaparecidas, y de prevención para evitar que éstas sucedan,  investigar, detener y erradicar las redes de explotación, prostitución y trata de mujeres y niñas, una reforma a ese gran elefante blanco que es la CONAVIM, entre otras muchas medidas que señalan las sentencias internacionales como la de Campo Algodonero, pero inicialmente validar el dolor de las mujeres, dialogar con empatía y encontrar una respuesta más sensible y más cercana a las mujeres para proponer soluciones en común sería un buen comienzo.

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María Salguero mapa de feminicidios en México

María Salguero visibiliza los Feminicidios en México

Nota de la recolección de tuits de la cuenta oficial de Twitter de María Salguero

María Salguero Bañuelos, geofísica por el Instituto Politécnico Nacional (IPN), es una feminista investigadora, científica de datos, activista, especialista en feminicidio y delincuencia organizada.

El pasado 27 de diciembre María Salguero lanzó un hilo de tuits con información valiosa con los resultados de su Mapa Nacional del Feminicidio en México, trabajo que viene realizando los cuales transcribimos textuales a continuación:

1.- En el primer año de Gobierno de @lopezobrador_ han asesinado a 3835 mujeres. Entre 10 y 11 feminicidios al día #NiUnaMenos

Imagen del Mapa Nacional del Feminicidio de María Salguero.

2.- Los estados con más feminicidios por número son: Estado de Mèxico, Guanajuato, Jalisco, Baja California y Chihuahua.

3.- Los estados con más feminicidios por cada 100 mil habitantes son Colima, Baja California, Chihuahua, Quintana Roo y Morelos que también tiene una epidemia de violencia según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Tienen tasas de más de 10 mujeres asesinadas por cada 100 mil habitantes.

4.- Los estados donde se asesinan a mujeres son estados con fuerte presencia de crimen organizado, pero no son las únicas violencias a las que se enfrentan. Es una gráfica de la motivación de la violencia para Sonora.

5.- El mapa lo pueden consultar aquí https://feminicidiosmx.crowdmap.com

6.- Los abrazos y no balazos así como el #FuchiGuàcala no funciona y la cifra de mujeres asesinadas sigue subiendo.

En relación a María Salguero, recientemente el periódico mexicano “El Universal” la incluyó en su lista de las 103 mujeres líderes, destacando su trabajo en la elaboración del Mapa de los Feminicidios.

Además, la revista Forbes el pasado 20 de mayo del 2019 la nombró como una de las 100 mujeres más poderosas de México.

El 15 de octubre del mismo año, fue reconocida por la creación del Mapa Nacional de Feminicidios en México en el Women Economic Forum.

Nota de la redacción: María Salguero es además una gran compañera de lucha y resistencia, aliada en los trabajos de Las del Aquelarre Feminista y una gran amiga llena de sororidad, para nosotras es invaluable, agradecemos profundamente su trabajo y su existencia llena de luz.

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Irlanda del Norte despenaliza el aborto y legaliza matrimonio igualitario / Foto: Twitter

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El aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo fueron legalizados este martes 22 de octubre en Irlanda del Norte, por decisión del Parlamento británico, a pesar de un último intento de los miembros de la Asamblea regional norirlandesa de anular la legislación de Westminster .

De acuerdo con la nueva legislación, las mujeres que buscan acceso al aborto en Irlanda del Norte no serán procesadas, las investigaciones de abortos ilegales ya no serán perseguidas y los enjuiciamientos actualmente en curso se suspenderán.

Según la nueva legislación, presentada por Westminster en julio, el matrimonio entre personas del mismo sexo también se está legalizando, y las personas que sufrieron lesiones físicas o psicológicas graves recibirán pensiones anuales.

Irlanda tiene que acatar la legislación

Sin ejecutivo regional desde enero de 2017 a raíz de un escándalo político-financiero, la provincia de Irlanda del Norte tiene a todas sus instituciones autónomas paralizadas y sus asuntos corrientes son gestionados desde Londres.

Los diputados británicos de Westminster aprobaron en julio pasado enmiendas destinadas extender a la provincia el derecho al aborto y el matrimonio homosexual si no se formaba un gobierno antes del 21 de octubre, por lo que los cambios entraron en vigor a la medianoche de Belfast.

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Por: Ana Elena Contreras.

“Los derechos de las mujeres, son Derechos Humanos”.

Viena, 25 de junio de 1993

La conferencia de Viena fue la segunda conferencia a escala mundial que se centró exclusivamente en los derechos humanos, se celebró en un momento en el que las conferencias mundiales estaban en auge y es ahí, que a partir de la lucha de miles de mujeres y feministas alrededor del mundo se nos reconoce como “Humanas”.

Sí señoras, al grito de la consigna de Los Derechos de las mujeres, son Derechos Humanos es que se inserta en la Declaración y programa de acción de Viena, en el apartado 3 “La igualdad de condición y los derechos humanos de las mujeres”, que a la letra dice: “36. La Conferencia Mundial de Derechos Humanos insta al pleno disfrute de las mujeres de todos los derechos humanos en pie de igualdad y que esta sea una prioridad para los gobiernos y las Naciones Unidas. La Conferencia Mundial de Derechos Humanos también subraya la importancia de la integración y la plena participación de las mujeres como agentes y beneficiarias en el proceso de desarrollo, y reitera los objetivos establecidos sobre la acción mundial de las mujeres hacia el desarrollo sostenible y equitativo establecidos en la Declaración de Río sobre Medio ambiente y desarrollo…”. Qué hermoso, ¿no?, sin embargo, ¿no les parece algo digno de resaltar que apenas tenemos 26 años en que el mundo nos reconoce como sujetas de derechos humanos? A mí me parece que esto es una lupa y nos dice mucho del porqué ha sido necesaria la lucha de las mujeres. Es también importante resaltar la importancia de la organización y la movilización feminista, porque esta es una de las muchas muestras de que todo el trabajo colectivo importa e impacta no sólo el imaginario social sino también en los marcos legales que nos dan pie a la exigencia para el respeto y garantía de los derechos de las mujeres.

La movilización

Las mujeres y feministas fueron las protagonistas de ese histórico momento, hoy, dos décadas y media después, no se habla de ellas, y por supuesto, tampoco se le ha dado la importancia que tiene a ese acontecimiento, y eso, nos dice mucho de patriarcado y de cómo continúa anidado en el imaginario del mundo, incluso en el de los derechos humanos. La batalla que se dio en ese momento fue para hacer entender que no “somos sólo un sector” ni tampoco “una minoría” y hacerles ver que el mundo no sólo existe a partir del modelo tradicional (patriarcal) y androcentrista de “humanO”.  

Es así como se inicia una petición firmada por poco más de un millón de personas, después de que un grupo de mujeres decidieran organizarse y tejer redes para darse cita en Viena, presentando esas firmas y organizando diversas estrategias para hacerse escuchar. Parte de esas estrategias fueron la creación de “tribunales simbólicos” regionales y nacionales, (hago un paréntesis aquí, porque me llama la atención el esfuerzo de dichos tribunales, mostrando que las mujeres históricamente tenemos que hacer circo, maroma y teatro para que nos escuchen, sin importar la congruencia de nuestras palabras, si eso no es ridículo y machista, ¡no sé qué lo sea!). Finalmente, gracias a esos tribunales, que duraron ocho horas y que fue en donde se expusieron las violaciones a las mujeres y sus derechos, se transmitieron en cada uno de los pisos del edificio donde se realizó la Conferencia de Viena, esta acción abonó a visibilizar y sensibilizar a los delegados de la importancia de la demanda de las mujeres.

¿Qué se logró con esta declaración?

La Declaración y Programa de Acción de Viena reforzó importantes principios de igualdad, como la universalidad de los derechos humanos y la obligación de los Estados de acatarlos. Además, proclamó los derechos de la mujer y subrayó la necesidad de combatir la impunidad, inclusive mediante la creación de una corte penal internacional permanente. Todo lo anterior con sus vicios y sus lagunas, por supuesto, por lo que es indispensable continuar impulsando un cambio real en la práctica de los derechos humanos que permita garantizar los mismos con perspectiva de género, esto es atendiendo no sólo a la condición de ser mujer, sino también a otros factores, como la etnia, clase social, edad, etcétera, señalando que la perspectiva de género incluye también a los hombres (¡sorpresa!).

De 1993 al 2019

A dos décadas y media de dicha declaración, las defensoras de derechos humanos y feministas nos damos cuenta de que la lucha continúa, y que es necesario hacer una memoria histórica y tomar nota de una de las batallas ganadas, pero que seguimos en pie de lucha, que es el momento de volver a articularnos y cerrar filas porque nuestros derechos peligran.

Ese reconocimiento de nuestros derechos no ha derribado al sexismo ni al patriarcado, ambos continúan de pie, y aunque ante los Derechos Humanos bajen su perfil y se vuelvan sofisticados, permanecen vigentes. ¿Por qué afirmo esto? Porque me basta con escuchar las siguientes frases para corroborarlo: “las mujeres ya lograron todos los derechos”, “ahora la paridad opera en contra de los hombres que aspiran a cargos políticos”, “la violencia no tiene género”, entre muchas otras frases y afirmaciones más. La realidad es que continuamos con una brecha salarial sobre nuestros hombros, los feminicidios son en nuestro país una emergencia nacional, la violencia política contra las mujeres es cada vez más común, e institucionalmente nos siguen dando “tips para evitar ser violentadas en la calle”, mientras que se niegan a voltear a ver a los agresores y a hacer algo al respecto con la violencia que ellos ejercen, y todo lo anterior al amparo del reconocimiento de nuestros derechos humanos.

Agradeciendo y tomando la estafeta

Hoy, desde mis zapatos de “humana”, agradezco el trabajo, los esfuerzos y la tenacidad de todas esas mujeres, feministas y defensoras de derechos humanos, que dieron la batalla hace 26 años, y hago un llamado a las compañeras para que unamos fuerzas y reivindiquemos esa lucha que actualmente sigue siendo nuestra lucha; tejamos redes, retomemos la agenda y los trabajos para mantener y fortalecer nuestros derechos humanos.

Es necesario que continuemos levantando la voz, que nos apropiemos de las calles y de todos los espacios que sean necesarios para hacernos escuchar. Es necesario que pongamos nuestra semilla para que las futuras generaciones tengan mejores condiciones que las que hoy nosotras tenemos.

Compañeras, es nuestro momento, al grito de ¡Ni Una Menos! ¡Nuestro Cuerpo, Nuestros Derechos!, ¡Prostitución Legal es Violencia Patriarcal! exijamos: ¡Derechos Humanos para TODAS!


Nota al margen: Gracias a la Dra. Alda Facio y a la Dra. Gloria Ramírez por su incansable labor por nosotras las mujeres y por nuestros derechos. Con amorosa admiración, este pequeñísimo recuento es para ustedes.

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Gordofobia

Gordofobia

Por Ana Elena Contreras

“La sociedad está incómoda con la belleza que no es para consumo”.

Desconocido

Gordofobia: es el rechazo o el odio hacia las personas gordas. Kelly D. Brownell, Rebecca Puhl, Marlene Schwartz y Leslie Rudd, psicólogas e investigadoras autoras de Weight Bias: Nature, Consequences and Remedies la definen como: “La discriminación basada en la forma y el tamaño del cuerpo.” Perla Hernández Santos, maestra en Derechos Humanos, activista de la aceptación corporal y luchadora contra la gordofobia de la fanpage Gordxs con Alma nos dice que es: “la discriminación hacia las personas gordas por no cumplir con el tamaño que mandatan los estándares sociales y que se justifica mediante los discursos estéticos y de salud”.

Gordofobia y patriarcado

La gordofobia es un brazo del patriarcado que propina sus golpes desde los prototipos de belleza para el consumo de los otros, hasta la expresión más sutil pero contundente que parte el discurso de la “salud”. La violencia del discurso de la salud es clara, es otra gran herramienta para la gordofobia, a partir de ella se relaciona la gordura con la falta de salud, con enfermedades, con falta de ejercicio físico, con descuido entre otras cosas.

La gordofobia es también la respuesta violenta y políticamente correcta al sistema patriarcal, porque lo hegemónico es “caber” en el estándar de belleza, sea cual sea. En los 50´s eran las caderas amplias y los cuerpos rollizos, en los 90´s los cuerpos delgados al extremo, así, la Organización Mundial de la Salud, va cambiando sus estándares para apegarse al sistema.

Bajo este lente, a los cuerpos gordos se les consideran cuerpos enfermos y con la creencia de que están enfermos, pareciera que se obtiene un permiso divino para que la sociedad opine sobre ese cuerpo gordo y sobre su estilo de vida. Es como si se les facultara para decirles qué deben hacer para perder peso. Para la sociedad lo importante es llegar al ideal: un cuerpo delgado… ¡”y sano”! Como si la delgadez fuera sinónimo de salud y la gordura de enfermedad. No todas las personas gordas son insanas, ni todas las personas delgadas son saludables. Hay personas gordas en las olimpiadas y personas delgadas muriendo de colesterol. ¿Esto no es acaso discriminación? Jamás se le cuestionará a un cuerpo delgado la calidad de su salud. Esas distinciones son precisamente las que señalamos, eso es gordofobia y la gordofobia es violencia, y también es una forma de marginación, una marginación socialmente aceptada.

Pero, ¿porqué es tan incómodo un cuerpo gordo? Pareciera que todas las personas se sienten con el derecho a opinar y a rechazar a los cuerpos gordos, lo anterior proviene de la concepción de belleza, la sociedad se ha tragado completa la píldora del concepto de belleza (¿obligada?) debido al bombardeo constante de la TV, las revistas, las calles en sus espectaculares, los periódicos, las redes sociales, en fin, todo el sistema grita cuál es el prototipo: cuerpos delgados, con silicona, blancos, rubios (o de ser trigueños deben ser extremadamente sexys), cuerpos sin vellos ni marcas, en otras palabras cuerpos de consumo, o sea, cuerpos-objeto. Todo lo que salga de ese estándar, debe “arreglarse”, o aceptar el rechazo.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en su informe Panorama de la Salud 2017, señala que México tiene la tasa más alta de sobrepeso y obesidad en mayores de 15 años, en los últimos 10 años el porcentaje de población obesa se incrementó 3.3%, el 72.5% de la población tienen obesidad (33.3%) y sobrepeso (39.2%). En una sociedad con ese índice a la alza de obesidad, contradictoriamente pareciera que todas y todos deseamos estar en el estándar, cumplir, ser-parte-de, al costo que sea necesario; entonces, los cuerpos disidentes nos recuerdan nuestra sumisión inconsciente con el sistema, nuestro deseo permanente de no ser nosotros mismos los focos de incomodidad, y se crean esas frases motivacionales como “mente sana en cuerpo sano” (¿a qué tipo de “mente sana” se referirán?) y ser fitness es lo de hoy, por encima de otras actividades. Pertenecer no es malo, lo que se señala es la violencia que se ejerce desde una supuesta superioridad del que “pertenece” hacia el cuerpo gordo disidente, y las repercusiones que esto tiene.

Feminismo, la reivindicación de todos los cuerpos

Las feministas decidimos reivindicar el derecho de ser y de existir de todos los cuerpos y nombrarnos libres de los estándares de consumo, reivindicamos la palabra “gorda”, nos apropiamos de la palabra resignificándola y nos nombramos cuerpas y cuerpos gordos. El feminismo nos ha regalado una herramienta valiosísima: nuestras gafas violetas, y con ellas podemos ver dónde están los mandatos de belleza (y la violencia que la acompaña), vemos para quién está dirigido ese mandato y de ahí podemos tomar nuestras propias decisiones que pueden ir desde optar por la disidencia gorda, hasta hacer nuestro propio estándar.

El patriarcado y la gordofobia son tan poderosos que incluso para los cuerpos gordos asumirse y nombrarse “gordo” es un paso difícil,  la palabra “gordo/a” es una palabra con mucho peso (touché) y la sociedad suele ser “políticamente correcta” sólo en el discurso claro está, porque se niega a nombrar esa palabra prohibida porque es fea e indeseable, es sinónimo de enfermedad, baja autoestima, aberración y vergüenza, así que se inventan nuevos términos como “chubby”, “curvy”, “rellenita”, “talla grande”, “talla extra” y demás palabrejas con tal de evitar decir: GORDA o GORDO.

Esa es la razón por la cual es tan difícil asumirse y aceptarse como un cuerpo gordo si no tenemos al feminismo en nuestras vidas. Sin las herramientas, el conocimiento y la libertad que nos regala el feminismo saberse un cuerpo gordo es poco más que una desgracia.

Aliadas y aliados al alcance de un click

Afortunadamente, han nacido comunidades afines al feminismo en redes sociales como “Gordxs con Alma”, quienes tienen la misión de “visibilizar la violencia no sólo de las personas, sino de la toda la industria, como la del cine donde las gordas sólo son las amigas buena onda o la ridícula, la de la ropa donde la talla extra es cada vez más pequeña o la ropa de talla extra con forma de costal de azúcar, como si los cuerpos gordos no mereciéramos vestir ropa de moda que se asiente bien a nuestros cuerpos gordos, de la televisión donde jamás verás reflejado un cuerpo real usando una crema ¡hasta para usar crema hay que ser delgadas!” según nos manifiesta la activista y administradora de la fanpage Perla Hernández Santos: “Necesitamos dejarle de decir a la vecina cómo cuidarse y cómo solucionar la gordura, necesitamos dejarnos de meter con el físico de las otras y aceptar que hay mil millones de maneras de tener un cuerpo y que ninguna puede ser errona y, justo, aceptar que no hay una manera errónea de existir en este mundo”.

En Facebook también hay páginas como: Stop GordofobiaOrgullo Gordo, Gordofobia y activistas de la autoaceptación como Óscar Jauregui, que diariamente siembran disidencia gorda, amorosa y subversiva.

¿Cómo identificar si eres gordofóbico/a?

Aceptar que somos violentadores no es fácil, es ponernos de frente con un ser horrible que no queremos ser, y nos ponemos el escudo del discurso de la salud o del amor, “te lo digo porque te quiero y me preocupo por ti”…(#ElAmorNoEsViolencia).

Dejo aquí un pequeñísimo listado de expresiones “comunes” que pueden ayudarte a prender tu alarma y reconocer si eres o no un espantoso ser violentador gordofóbico:

  • Eres bonita, pero lo serías más si adelgazaras un poquito. La belleza no está en la báscula ¿eh?
  • Así de rellenita, nunca conseguirás novio. Noticia de última hora, las gorditas también conseguimos novio, y sí, de esos novios que aman bien y bonito.
  • Seguro comes de todo, por eso estás rellenita. Estar en un cuerpo gordo no siempre es una decisión, hay muchas veces condiciones médicas que te colocan ahí.
  • ¡Te voy a recomendar un té que es buenísimo para bajar de peso!. ¿Quién te pidió tu consejo? Y lo más importante, ¿porqué asumes que quiero bajar de peso?
  • Deberías de ponerte otra cosa, algo que te disimule un poco el sobrepeso, esta ropa hace que se te marque la lonjita. ¡Claro que se notan las lonjas! Pues qué esperabas… las lonjas no impiden que un cuerpo gordo se vea fabuloso.
  • Con que pierdas un par de kilitos te apuesto que tu salud mejorará. ¿Acaso me haz hecho un análisis médico con sólo verme? Por qué piensas que estoy enferma, ¡si no haz visto mis últimos chequeos médicos! Deja de suponer y meter las narices donde no te llaman.
  • Con lo gordita que está, quién sabe si hay quién se la coja. La vida sexual de los cuerpos gordos no está sujeta a la báscula, las lonjitas no estorban para nada a la hora de tener sexo.

Alto a la gordofobia

En una sociedad donde odiarnos es casi un mandato y donde la frustración por los estándares de belleza son ridículos e inalcanzables, aceptarnos y amarnos es un acto revolucionario, y si posemos un cuerpo gordo, nombrarnos gordos y amarnos es sin duda un acto supremo que te pone muchos pasos delante de los simples mortales. Una gorda o un gordo que se ama y acepta, vive con un nivel de libertad que le da muchas satisfacciones; además de que los cuerpos gordos disidentes dan mensajes y se posicionan políticamente incluso sin emitir palabras.

Hernández Santos nos dice que es por eso que Gordxs con Alma promueve “la diversidad corporal como normal, promovemos el amor a nuestras piernas anchas o cortas, a nuestras panzas con estrías, a nuestros pechos grandes y a nuestra manera de ocupar espacio. A nuestro derecho a NO  pedir perdón por la forma de nuestro cuerpo. Queremos que las y los gordos ya no nos sintamos menos, que ya no nos agachemos, ni aceptemos sus ataques disfrazados de consejos” en otras palabras, se promueve el  ¡alto a la gordofobia!

Mi aportación desde el feminismo, como gorda disidente y en contra la gordofobia es la siguiente declaración:

¡Los cuerpos gordos (a pesar de su violencia gordofóbica), seguiremos por el mundo siendo felices, seguiremos amando y seguiremos siendo amados, seguiremos cogiendo y teniendo amantes, seguiremos siendo cuerpos gordos hermosos, y libres.

Pero sobre todo ¡seguiremos sembrando disidencia y revolución gorda!

Y si esto les molesta… pues venga, ¡besen mi gordo trasero!

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Amor Romántico, de ese que mata

Amor Romántico, de ese que mata

Por Ana Elena Contreras

“Mujer, hermana, si te pega no te ama”

Consigna feminista.

Amor Romántico.

La feminista Coral Herrera, nos dice que el amor romántico es una “construcción creada social y culturalmente, la cual está atravesada por una ideología hegemónica y patriarcal”, vamos, nadie se cuestiona la necesidad y obligatoriedad de una “media naranja”, es casi un mandato y el rasero para muchas otras cosas (y violencias).

Señala además que el amor romántico “es el mecanismo cultural más potente para perpetuar el patriarcado”, ¿y cómo no lo va a decir así?, si en el nombre del “amor” se cometen los crímenes más espantosos que nos podamos imaginar, y desde esa idea torcida del “amor romántico” mujeres y hombres son subyugados y disminuidos; algunas de las características que resalta la misma Herrera sobre esa construcción ideológica romántica son las de un sistema  basada en la pareja monogámica, heterosexual, regulado, entre adultos, orientado a la procreación y bendecido por la Iglesia y el Estado.

¿Les hace sentido todo eso? Simone de De Beauvoir expresaba en relación al amor que “el día en que una mujer pueda amar, no desde su debilidad sino desde su fuerza, no para escapar de sí misma sino para encontrarse, no para rebajarse sino para afirmarse, ese día será para ella, como para los hombres, una fuente de vida y no de peligro mortal”, ¡y cuánta razón y vigencia la de sus palabras hoy en día!

Para entender el concepto de “amor romántico” debemos atender a la construcción social y simbólica que reproducen los medios y las instituciones. La obligatoriedad de que mujeres y hombres tienen que estar con una “media naranja” que por sí mismo implica que somos seres “incompletos” y que el estado ideal es estar en pareja, sin importar la calidad de la relación ni lo sano de las mismas. Se nos enseña que el control, los celos y la manipulación son lo correcto en las relaciones. Que las relaciones son luchas de poder y no nos preparan para el rechazo, porque ante el rechazo la respuesta patriarcal es: luchar por ella o por él.

¡Qué terquedad! lo peor es que el rechazo para el patriarcado es el sinónimo de una derrota, cuando muchas veces, una ruptura romántica lo que hace es darnos espacio y libertad.

Muchas personas (no feministas) me han preguntado con cierto desencanto y angustia ¿por qué las feministas odiamos el romanticismo? Porque, claro, cuando rechazamos el amor romántico inmediatamente lo relacionan con el romanticismo… Veamos, no es más que una fuerte crítica a la manera en que el sistema nos hace concebir el amor: lleno de violencia, de dependencia, de sacrificios absurdos, de subyugación, de celos que rayan en lo enfermizo, de palabras huecas como “el amor verdadero todo lo puede” (frase que normalmente viene acompañada de una situación de violencia), acuerdos no cumplidos, infidelidades, por mencionar algunas. Lo que nos dice el amor romántico es que ese es el precio a pagar, porque es una necesidad estar emparejado (bien o mal), de lo contrario estamos defectuosos.

Amor romántico y violencia de género

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), arrojó que el 46.1% de las mujeres, de entre 15 años y más, han sufrido incidentes de violencia de pareja a lo largo de sus relaciones; el 13.5% de las mujeres de 15 años confesó haber sufrido violencia física que les provocó daños permanentes o temporales; la misma encuesta en el 2011, señala que en el Distrito Federal (ahora Ciudad de México) el 51.93% (1 millón 769 mil 571) de las mujeres y adolescentes de quince años y más encuestadas, sufrieron algún tipo de violencia psicológica, económica, física o sexual a lo largo de la relación con su última pareja. La violencia en las relaciones de pareja se debe en gran medida a la reproducción de los mitos sobre el amor romántico.

La idea de que la pareja nos pertenece (creencia que convierte en objeto a la otredad), es uno de los primeros y más poderosos mitos, el cual imposibilita manejar emocionalmente el hecho de que el amor se acaba, o bien que las personas simplemente ya no desean estar a nuestro lado. Bajo el modelo de amor romántico hay dos cosas: o “luchas” por su amor, o acabas con el rechazo dándole un fin a la persona, porque “si no es mía no es de nadie”. Otro de los mitos del amor romántico son los celos; si no demuestra que tiene celos, entonces “tal vez” no te ama lo suficiente, porque, claro, sin el componente de la violencia sutil, el amor ¡no es amor! La realidad es que los celos matan, no sólo al que los sufre, sino a quien los provoca.

Cuántas historias sobre feminicidio no están escritas sobre un “el amor lo cegó”, cuántas atrocidades van de la mano de un “no soportó perderla”, no señoras y señores, el amor no es violencia bajo ninguna circunstancia y las personas no somos pertenencias de nadie. Necesitamos analizar desde dónde construimos nuestras relaciones y deconstruir los viejos conceptos del amor romántico. Otras formas de amar son posibles. El ejercicio no es fácil pero en muchas ocasiones es una cuestión de vida o muerte, especialmente para nosotras las mujeres.

El amor romántico no es una cuestión privada ni aislada del ojo público, el amor es personal, y lo personal es político. Dejemos de pensar que “el amor todo lo puede”, porque no es verdad que el amor pueda lidiar con tratos humillantes, con violencia, con egoísmo, con posesión, con desigualdad, con promiscuidad, eso no es amor, eso es violencia revestida de romanticismo.

Nos encontramos bombardeados permanentemente de esas ideas, lo refuerzan las novelas rosas, Hollywood en sus producciones, las canciones e incluso la educación que recibimos, los modelos desde los cuales nació nuestra idea primera del amor, cargada de sacrificio, de desdibujarnos como personas dignas y autónomas.

Deconstruirnos o morir

En un mundo que naturaliza la violencia, desmontar el amor romántico es una urgencia, necesitamos resguardar nuestra integridad emocional, física, y nuestra dignidad. Empezar a analizarnos, a pensarnos, a sentirnos, a ser objetivos de nuestras reproducciones de violencia o de sumisión es fundamental, hay que afinar las antenas y detectar las señales.

Debemos empezar a construir relaciones basadas en el amor propio como primer eje, para poder transitar al respeto, al diálogo, la escucha activa, la libertad, la construcción de acuerdos, y en el entendido de que las relaciones afectivas, eróticas, o sexuales no son espacios para desplegar poder sobre la otredad. Que el amor sea lo que nos permita florecer y ver florecer, olvidemos esas frases de “que valga la pena”, queremos que el amor “valga la alegría”.

Es necesario que el amor romántico deje de ser un verdugo, apostemos a avanzar hacia una forma igualitaria de relacionarnos, que nos permita erradicar la violencia de género, dejemos atrás las ideas de que necesitamos una media naranja, de que nos falta el amor para sentirnos personas plenas, porque la plenitud no debe estar fincada en el otro o la otra, sino en nuestro propio ser. El machismo es un demonio de grandes garras, es un sistema estructural, es sofisticado y uno de sus nidos más poderosos son las relaciones de pareja.

La feminista afroamericana Bell Hooks, en La Claridad del Amor, nos dice que “amar debe ser una acción y no un sentimiento”, así que pongamos voluntad, elijamos amar desde la conciencia y desde “el propósito de alimentar el crecimiento espiritual propio y el de otra persona. El amor es lo que el amor hace, es un acto de voluntad. La voluntad implica elegir. No estamos obligados a amar. Elegimos amar” (definición tomada por Hooks de S, Peck). Entonces, elijamos muy bien cómo queremos amar, a quién amar, pero sobre todo, pensemos si en realidad queremos o no amar a una otredad. Empecemos a idear nuevas maneras de amar, desde la libertad y el amor propio.

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