¿Por qué soy feminista radical?

Por: Izchel de la Ciudad de México

Mi respuesta a la pregunta :

Para buscar contestar esta compleja pregunta me toca iniciar este texto diciendo que durante muchos años de mi vida sin saberlo fui o me identificaba con las ideas de una feminista liberal; la primera causa era que no contaba con información amplia y no había leído todavía teoría feminista de manera amplia, simplemente me consideraba una feminista por creer que las mujeres merecíamos una vida más digna y justa y ese fue mi primer acercamiento al feminismo.  

No sabía que había varias corrientes dentro del feminismo y no conocía definitivamente el feminismo radical, mi referente de entrada al movimiento fue mi madre que se educó en la corriente de Martha Lamas y afines, por que fue lo que aprendió en la UNAM cuando estudió su especialidad en sexo, genero y sexualidad allá por los finales de los noventas, y esta era la corriente que había permeado la academia mexicana, fue mi mamá la primera en decirme lo que era un legrado y porqué había que luchar por su legalización en el entonces Distrito Federal, fue la primera en contarme que era una persona transgénero y transexual y como había que dirigirse correctamente a las personas que no se identificaban con el sexo con el que nacieron. Así por más de diez años de mi vida yo nunca puse en duda estos principios y los asumí como si fueran el estándar feminista. 

También creía en la regulación, y creía en la regulación porque pensaba que era la única forma de humanizar y proteger a todas las mujeres explotadas sexualmente. Recuerdo también en mi adolescencia mirar todas las noches con mis padres Sex and the City y que les parecía muy de vanguardia la liberación sexual de las mujeres de New York. Sentarme con mi padre a ver documentales del regulacionismo en Europa y escucharlo decir que era una desgracia que en México fuéramos tan mochos como para no tener maravillosos burdeles para que hombres discapacitados disfrutaran de su sexualidad. Como muchas soy hija del nacho progre noventero de izquierda que escuchaba caifanes y creía que el porno y la prostitución eran parte de la libertad sexual.  

¿Por qué les cuento mi proceso tan intimo y personal de vida y  feminista? Porque creo que  detalles menos, detalles más, este es el proceso de miles  de mujeres que hoy en el feminismo radical encontramos el único lugar teórico, político, colectivo y organizacional capaz de continuar dando una batalla frontal al patriarcado, el patriarcado con su rebranding, el patriarcado con brillantina arcoíris, el patriarcado que proclama la explotación de nuestros cuerpos para procurar el derecho de alguien más, el patriarcado que regresa para decirnos que seamos incubadoras esta vez por solidaridad, que seamos aliadas de hombres que sufren más que nosotras y que nos merecemos la amenaza de muerte por incorrectas. 

Mi proceso que es el de muchas, es el proceso de abandonar las creencias de las y los liberales sexuales para incluirte en la única corriente teórica que te permite reivindicarte afuera de ser un objeto y una mercancía, así como ponerte primero como sujeta política.  

Volviendo a la narrativa, para mí el momento explosión, de completa ruptura con el liberalismo sexual, fue un artículo autobiográfico de una víctima de trata en Europa, que destrozo completamente mis ideas de regulacionismo, yo me entere, me enamore, y me transforme de teoría radical por el abolicionismo, fue la empatía que siempre he sentido por las mujeres en situación de prostitución, al darme cuenta que en estos supuestos países de avanzadas las mujeres eran victimas de trata y sometidas a torturas sexuales, y que la sociedad lo miraba como una diversión más a la que se tenía derecho por parte de los hombres. En el momento en que me di cuenta que la regulación de la explotación sexual no era en ningún lugar del mundo un camino para que las mujeres pobres pudieran vivir una vida más digna y que este precepto de trabajo sexual que me habían vendido durante años no existía más que en la mente de personas privilegiadas, inicie un viaje de acercarme a las mujeres y a la historia de las mujeres que luchan contra la trata y que son abolicionistas y que se consideran radicales incluso sin que ellas se auto etiqueten. Luchadoras mexicanas y latinoamericanas a quienes considero mis ejemplos y referentes por su trayectoria de vida.  

Gracias a esta causa pude conocer la teoría feminista de la ola que se consideró posteriormente como radical, que en mis palabras es el feminismo revolucionario, es el feminismo que teóricamente si proporciona las herramientas políticas para cambiar la realidad de manera colectiva y aborda la lucha de clases.  

Durante este proceso de cuestionamientos, el último al que me aproxime a desafiar fue la identidad de género, porque como antes establecí yo crecí siendo creyente de la misma, mi padre me sentó a ver “Mi vida en rosa” a los nueve años de edad y desde ahí hasta mi vida adulta jamás puse en discusión que había niñas y niños que nacían en cuerpos equivocados. 

La primera vez que un persona me dijo transfóbica me dolió, y me dolió en mi pasado porque no podía entender como por opinar que no creía justa la competencia deportiva con mujeres trans se me acusara de odiar a un sector de la población que crecí amando. Pensé dentro de mí,  yo no odio a las personas trans pero no puedo callarme cuando algo es injusto para nosotras. 

Hoy en día ya no me duele la etiqueta de TERF, desde mi punto de vista, el movimiento del cual viene a mí no me representa y tal vez nunca me representó desde que nací, ni defiende mis derechos, ni defiende mis espacios, me niego a ser borrada como mujer, me niego a ser silenciada, me niego a ser amenazada y cancelada por opinar de temas que en todo el mundo hoy se están discutiendo, porque las leyes de identidad de género han traído consecuencias directas para las mujeres pobres y racializadas, como ha sucedido en Canadá, y me niego rotundamente a que nos llamen privilegiadas.  

“Me niego abandonar a mis verdaderas aliadas por miedo a ser etiquetada o marcada, me siento llamada a alzar la voz por las infancias que en nombre del liberalismo sexual, crecen llenas de estereotipos y sexualización”.

Mi viaje no ha terminado va iniciando y mi lucha que se une a la de las mujeres del mundo que siguen viviendo sin dignidad y sin justicia oprimidas por un sistema patriarcal al que el liberalismo sexual solamente ha logrado actualizar, quiero cerrar con un mensaje para las mujeres que se hacen llamar feministas liberales, te abrazo y tu no eres mi enemiga, te respeto, yo también vengo de ahí y si hay conceptos en los que nos podemos encontrar en coincidencia. Sé que las ideas tienen un origen, un tiempo y un contexto histórico, espero que algún día te pueda recibir de este lado, y espero con todo mi corazón ser parte del  proceso que hoy estás gestando.